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6 de abril de 2013

Sobre la buena falsedad y la mala sinceridad.

Una característica que detestamos encontrar en una persona es la falsedad. No soportamos que nos sonrían a la cara pero que luego nos enteremos de lo que dicen a las espaldas. Sin duda, es mejor alguien sincero,  que nos diga las cosas como son mirándonos a los ojos.  Es una de las cualidades que más buscamos en un amigo, ¿No creéis?


 

Pero hoy me pregunto, ¿Qué es ser sincero?  ¿Qué tipo de cosas son necesarias que nos digan y cuáles no? ¿ Es necesario decir SIEMPRE lo que pensamos?. 

Os contaré lo que me hizo reflexionar sobre todo esto:

Caminaba un día con una amiga que se había comprado un vestido nuevo y lo estrenaba orgullosa. No lo negaré, era diferente a lo que llevaba habitualmente: más atrevido y provocativo, pero nada fuera de lo normal. Y le quedaba bien.  Al cabo de un rato nos encontramos a su pareja y nada más verla exclamó: “¿Qué haces así vestida? ¿No ves lo mal que te queda?"

Nos quedamos de piedra las dos. Mi amiga se enfadó con él – claro está – mientras que su chico no entendía su mala reacción: había dicho lo que pensaba. Se defensaba defendía diciendo que había sido sincero y eso no era malo, siempre le habían dicho que era lo correcto.

 ¿Qué extraemos de esta situación? 

Que él fue sincero, sí. Efectivamente dijo lo que pensaba.  Pero, ¿Era realmente necesario? ¿ Y más de esta forma? Definitivamente NO.

Cuando somos sinceros tenemos que saber CÓMO serlo, sobretodo con las personas que queremos. Sino seremos es unos bordes groseros. Escoger las palabras adecuadas, el tono y no ser tan directos es esencial.  Pero sobretodo debemos tener presente qué OBJETIVO perseguimos con nuestras comprometidas palabras. 

En este caso creo que no era necesario porque no había ningún tipo de intención positiva en sus palabras , ninguna intención de mejorar nada o de cambiar el rumbo de las cosas. Lo único que consiguió fue que se sintiera fatal.

Entonces me pregunto, ¿Es mejor callarse y no decir nada? ¿Es conveniente mentir a veces?  Pues quizás en ciertas situaciones sí. Cuando nuestras palabras no vayan a aportar nada, o el tema al que nos referimos no nos incumbe ni tenemos control sobre ello.

¿Y si nos preguntan al respeto? Imaginaros que ella le hubiera preguntado que le parecía su vestido. Sigo pensando que las palabras no fueron las correctas, y menos viniendo de su novio.  Algo más apropiado quizás habría sido decir: “Oh! ¿Es nuevo el vestido? Es algo diferente a tu estilo, pero si a ti te gusta a mí también" O algo parecido. (Y si terminara la frase con un " Para mí siempre eres bonita" ya sería para aplaudirle).


Para mí esto es ser respetuoso con la otra persona.  Si bien es cierto que no estamos siendo sinceros del todo, pero es que insisto, no siempre es necesario.

Os pongo otro caso en que pongo en duda que exista falsedad:  Imagínate que te cae mal una persona, no es tu estilo para nada. Ella te ha hecho nada directamente y tú pues la acostumbras a saludar cordialmente y a hablarle si se da la situación. Luego esta persona se entera de que no te cae demasiado bien. ¿Has sido falso o respetuoso? ¿Habría sido mejor ponerle cara amargado de primeras?

Voy a ir meditando todas estas preguntas porqué no lo veo nada claro, la verdad. Demasiadas veces decimos que alguien es falso y quizás no estamos entendiendo sus motivos. A demás, creo que uno mismo NO es consciente de que está siendo falso. Yo al menos no he conocido a nadie que considere falso y que lo haga a propósito, pero es cierto que atorgamos esta cualidad  a mucha gente de nuestro alrededor. Y no me cuadra.



Y tú, ¿Qué opinas? ¿Te consideras sincero?  ¿Os trae problemas? ¿Qué tienes que decir sobre la falsedad?  

Besos a todos :)

10 de febrero de 2013

En carnavales no nos disfrazamos, cambiamos de disfraz


Buenos días a todos!
En estas fechas siempre acostumbro a estar muy muuy feliz. Y es que el ambiente acompaña... Es carnaval!

¿ Acaso no os encaaanta esta fiesta?
¡A mí si! Desde que era una pequeñaja. El hecho de disfrazarme y salir a la calle es un ritual que siempre he considerado mágico y excitante. Cada año lo he hecho – también en mis años más adolescentes - Y mira que soy una persona tímida!
I es que normalmente a los tímidos – y a algunos extrovertidos- les desagrada esto de disfrazarse y hacer el paripé porque  se sienten incómodos. Pero no es mi caso: ¡Es carnaval! ¡Puedes ser lo que TU quieras! ¡Ni vergüenzas ni miedos ni nada! ¿No es ge-nial?
Definitivamente me encanta porque es la ocasión ideal para dejar de ser lo que habitualmente somos y transformarnos en alguien distinto. Podemos dejar nuestra ropa del día a día a un lado y vestirnos, pintarnos, hablar y actuar de forma distinta. Y esto se me hace tremendamente emocionante.
Pero debo confesaros una cosa. La magia del carnaval para mí no recae en transformarnos en actores por un día. No. Recae en la oportunidad cambiar el papel – el rol- que representamos normalmente por uno distinto. Dicho en otras palabras: Para mí en carnaval no nos disfrazamos, tan solo cambiamos de disfraz.
¿Nos escondemos detrás de máscaras? 
¿Qué quiero decir con esto?
Quiero decir que no solamente en carnaval actuamos y nos creemos un rol. Esto lo hacemos todos los días del año, aunque no nos demos cuenta porque lo tenemos muy interiorizado. Dejad que me explique:
A lo largo de los años las personas nos vamos definiendo y creando una identidad, una personalidad, Yo, por ejemplo, desde pequeña me consideré una persona muy tímida. Esta característica la pasé a considerar parte personalidad y asumí que era algo NO podría cambiar nunca. A consecuencia de esto he actuado siempre como una tímida, excusándome por no hacer ciertas cosas porque ‘Soy así y no puedo cambiar'. -¿Os suena?- Pero eso fue un error. Etiquetarme así me ha limitado, haciéndome creer que como introvertida que soy nunca podría llegar a conseguir ciertas cosas.
Me dí cuenta del error cuando me tuve que disfrazar de una cantante de pop famosa y hacer el papel de creída y repelente y salir a actuar delante de bastantes personas. ¿Sabéis que pasó? Que al contrario de lo que me había imaginado - Una tímida no puede hacer eso - Lo hice y con bastante éxito, llegando a bailar y cantar de tal forma que no me diera NADA de vergüenza. Dejé de ser yo y me creí alguien distinto. Pero, aunque estaba disfrazada, ¿No era yo igualmente? 
Sí, esta soy yo disfrazada de estrella del Pop! :D  

De esta experiencia aprendí lo que os he comentado. Las personas jugamos a interpretar un papel que, o o bien nos hemos atribuido, o nos han atribuido y nos lo hemos creído. Pero podemos cambiarlo, igual que lo hacemos en carnaval. No niego que habrá aspectos de la personalidad más innatos y cosechados a partir de nuestras vivencias y traumas más delicados de tratar, pero estoy segura de que otros aspectos podemos cambiar si queremos. 
A mí ya no me vale el 'Yo soy así'. En todo caso, eres así porque así actúas.

Dicho esto, ¡Feliz Carnaval y a pasarlo en grande!