¡Te encaaantan las vacaciones! Estamos a principios de junio y tu ya sueñas con su
llegada. Como no… ¡son el gran lujo del año! Están repletas de placeres que solo te puedes permitir en estos meses: Poder ir a la piscina, zambullirte en el mar, relajarte en una cómoda hamaca, ponerte morena, sentirte sumamente libre....
Ansias esas tardes
en el bar con las amigas, esas en las que la música veraniega suena de fondo y
no podéis pararos de reír. Y amas los viajes inesperados, el perderte en una
ciudad con una arquitectura alucinante. Es
todo taaaan idílico (DEMASIADO, malditos anuncios que suben las
expectativas!) Y piensas..."¡Qué llegue ya, por favooor!”
Pero de repente ocurre algo.
Te acuerdas del bikini del
año pasado y de cómo ya no te vale. Ahora debes comprarte otro y detestas tener que probarte 20.000 hasta encontrar alguno que vaya contigo. Lo odias. Recuerdas cuánto te molesta la ropa
de verano: los tirantes, los escotes, los pantalones-braga, TODO. ¿Por qué?
Porqué recuerdas que
te sienta fatal y lo incómoda que estás cuando los demás no solo pueden ver tu
cuerpo, sino que también pueden analizarte. “No
tiene culo” “Le sobran michelines en la tripa”, “Esa celulitis…”. Quedando al descubierto todo aquello que
habías estado escondiendo durante el año con leggins push-up, wonderbras,
y las capas de más típicas del invierno.
Detestas el verano porque detestas tu
cuerpo.
Entonces recuerdas el verano pasado.
Las peores partes, por supuesto. Tu mejor amiga te invitó a la piscina con ella
y sus amigos pero rechazaste la oferta. “Es
que no me gusta demasiado el agua” fue tu excusa. Te morías de ganas por ir
pero para no ponerte el bikini y evitar esa incomodidad pasaste. “Estaré mejor en casa”. Y des de luego,
terminaste comiendo un kilo de helado sola en el sofá, lamentando tus curvas
imperfectas.
Luego te pusiste a mirar el
Facebook. Cómo cada año, las chicas que te rodean no paraban de subir fotos en
bikini cada dos por tres. "¿Qué necesidad tendrán de exhibirse tanto?" No lo sabías, pero se veían seguras, bonitas, riéndose. ¿Por qué tu no podías ser como ellas? Te comparabas y la mayoría te
parecen mejores que tú.
Lloras y decides que este año pasas del verano.
Definitivamente, detestas esta
sociedad, a las modelos y a la publicidad.
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| La típica chica que te encuentras en la playa. |
Pero sobretodo te detestas a ti, que
llorando de esta forma le estás dando la razón “Tú ganas, tu has impuesto el
modelo perfecto de chica. Es injusto, pero mi mayor deseo es llegar a él.
Tú ganas.”
Le cuentas todo esto a tu
mejor amiga. Ella es una chica normal. A ti te parece mona, pero más
por su encanto de personalidad que por su físico. En realidad, es una del
montón. Pero del montón que se ponen el bikini y van a la piscina sin complejos.
- "¿Estás tonta? -te dice indignada- ¿Sabes que tienes un cuerpo de lo más sano y bonito? Ya le gustaría a Natalia tener tu cintura, ya le gustaría a Miranda tener esas piernas. Venga ya, que no seremos modelos, pero tenemos que aceptarnos tal y como somos. No vamos a poder cambiar nuestra constitución por mucho que lloremos."
Vuelves a casa con tu falsa seguridad causada por
los piropos de tu amiga pero al verte en el espejo y decaes otra vez.
“Nadie me va a querer con este cuerpo” “No me extraña que no tenga pareja” “No
soy atractiva, y nunca lo seré”.
Y así pasas el junio, julio, agosto y septiembre. Lamentándote. Compadeciéndote. Intentando dejar de comer tus lujos de chocolate sin éxito, saliendo a la calle con pantalones largos a 40 grados mirando las piernas de las otras chicas. “Las guapas tienen la felicidad incluida”. Y ni te cuestionas lo que piensas. Mujer, estás fatal.
Y así pasas el junio, julio, agosto y septiembre. Lamentándote. Compadeciéndote. Intentando dejar de comer tus lujos de chocolate sin éxito, saliendo a la calle con pantalones largos a 40 grados mirando las piernas de las otras chicas. “Las guapas tienen la felicidad incluida”. Y ni te cuestionas lo que piensas. Mujer, estás fatal.
Y es que este año tampoco
has hecho los deberes. Has pasado de quererte, otra vez. No has afrontado tus miedos de frente, tan solo has tratado de esquivarlos. Huyes. Pero no sirve de nada: los complejos volverán al año siguiente.
Hasta que te mires y
dejes de juzgarte. Hasta que te enfrentes a tus complejos de frente y los
venzas. Hasta que seas suficientemente fuerte para relativizar y dejar de mirarte el ombligo.
Hasta que te aceptes.
Y tú...
¿Ya has hecho los
deberes? ¿Te has sentido así alguna vez? ¿Tienes complejos a la hora de ir a
la playa? ¿Los has superado? ¿Cómo? ¿Cuál es la clave para aceptarse?
¡Besos a todos y sed felicees!
PD: Por fin he terminado exámenes y tengo muchas ideas para nuevos posts! :D










